A una moza de buen ver como la mujer que estais viendo en traje de Madre Eva, nacida quien sabe si entre viñedos y museos de cera; y con quien, ese viejo verde isleño, dicen le gusta, ¡oh que palabrota!, pues ¡Joder!

Mi bastón ya levanta velas
¡Oh bella Afrodita de terciopelo!
Nunca me atrevería a tomarte, yo, el pelo,
impaciente poder gozar de bellezas
como la tuya, hermosa rubia
a quien ofrezco mi rubi de distinguida cuna.

Fuego y pasión sienten mis entrañas,
en nada más apercibir tu presencia,
rubia, que con toda conciencia
no piensas, del todo, apagar las llamas
a quien te las brinda para que goces,
ninfa eterna de mil voces,
de ellas, cuando te apetezca
el calmar mi sed y hambre grotesca,
zurda o diestra, de varonil pasión.

Rindo a tus encantos, homenaje de corazón,
¡oh currante de la labor más antigua!,
me precio de valorarla con razón
en momentos de soledad y angustia
reconociendo tu maestria
¡oh hembra!, ser superior a la mia

Conde Mor